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¿Qué es la vasculitis y cómo saber si la padezco?

Específicamente, las vasculitis son un conjunto de enfermedades diversas que inflaman vasos sanguíneos grandes, medianos y pequeños, y esta inflamación puede dificultar la circulación sanguínea hacia las extremidades u órganos, entre los que están el corazón, los riñones y el cerebro.

La causa de estas enfermedades es incierta, pero se cree que se trata de enfermedades auto inmunitarias; es decir, que por error el sistema inmune ataca las células de los vasos sanguíneos.

Las vasculitis tienen sus factores de riesgo asociados que están ya muy identificados, y son los siguientes:

  • Tener más de 50 años de edad.

  • Tener una historia familiar de vasculitis.

  • Consumir drogas como la cocaína o el tabaco.

  • Tener antecedentes de infecciones por virus, como el de la hepatitis B o C.

  • Padecer enfermedades como lupus o artritis reumatoide.

  • Ser mujer.

Signos y síntomas

La observación médica ha permitido concluir que existen síntomas generales de las vasculitis, entre los que se pueden mencionar, por ejemplo, fiebre, dolor de cabeza, fatiga, pérdida de peso y dolores generalizados. Existen también otros síntomas más específicos, que se centran en dolores después de comer, sangre en heces, mareos, ojo rojo, debilidad en manos o pies, toser sangre y presentar manchas rojas en la piel.


Diagnóstico

Como existen muchos tipos de vasculitis, para diagnosticar qué tipo es el que nos afecta nuestro doctor nos pedirá que nos realicemos algunos estudios, que facilitarán el proceso médico. Entre los estudios más usuales, están los siguientes:

  • Biopsia: se trata de extraer y examinar con microscopio alguna muestra de tejido.

  • Angiografías: es el análisis de los vasos sanguíneos que el especialista realiza administrando, en forma intravenosa, una sustancia de contraste.

  • Radiografías.

  • Análisis de sangre y de orina.

Tratamientos

En vista de la gran variedad de vasculitis que existen, el tratamiento debe ajustarse a cada paciente, a partir del diagnóstico que se haya realizado. Los tratamientos más comunes son:

Medicamentos: habitualmente corticoesteroides para ayudar con la inflamación; antinflamatorios no esteroideos e inmunosupresores.

Cirugía: esta opción depende del lugar en donde se localice el daño.


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